Sep 06 2008

Ley del aborto reloaded

Published by Hilario Ortigosa at 2:25 pm under Derechos Sociales, España

El tema del aborto (señor, perdóname por nombrar la palabra prohibida) es como el típico malo de serie ochentera: no importa cuánto se trate, siempre vuelve para causar más conflictos y jaleos. Ésta vez entra con el comienzo del curso político, según algunos para desviar la atención de la crisis económica; a mi me parece complicado reducir el efecto de las visitas periódicas al INEM, o los sustos del Euribor. Pero sea.

El tema del aborto (prohibido, con excepciones, plazos, totalmente libre) siempre ha sido polémico desde sus orígenes. En España hemos pasado por muchas etapas, desde los entrañables abandonos de niños en las puertas de orfanatos y demás, siguiendo por las minivacaciones a Londres para evitar el envío de París, para ya llegar al trauma que supuso la despenalización ya en plenos años ochenta. Con el respaldo de una mayoría absoluta incontestable y la realidad de abortos clandestinos en los que las muertes de las mujeres intervenidas superaban cualquier límite aceptable en una sanidad de primer mundo.

Ya entonces, hace sienes y sienes de años , hubo problemas, conflictos, manifestaciones, intervenciones de potencias extranjeras (El Vaticano, en su línea con sus estados satélites), y demás cosas. Han pasado casi treinta años, casi todos ellos con aborto en España, incluyendo cuatro años de mayoría absoluta conservadora, y todo sigue como estaba (con algún matiz menor). En este tema, como en muchos otros, las cosas van mas por ‘que no se toque lo que hay’ que por los supuestos absolutos de imposibilidad o tragedia que se agitan. También pasó con el divorcio, y con la reforma educativa.

Desde hace años, tengo el hobby de leer biografías, ensayos históricos y documentales sobre nuestra reciente etapa democrática, y contrastarlos con otros artículos, declaraciones y ensayos de aquellos años. Comenzó como una manera de aprender ‘cómo pasa el tiempo’, y acabó siendo una práctica magnífica para entender la gran verdad: que todo, salvo la muerte y hacienda, que decía Joe black, es relativo. En referente a este asunto, hace ya tiempo que hice mío el argumento que Felipe González dice que le hizo al nuncio apostólico, que aterrizó en la España católica de su propiedad, para defenderla de las hordas rojas revanchistas. Me encanta, porque es un planteamiento lateral, al margen de las interminables discusiones.

La cosa va así: durante cuarenta años de dictadura con respaldo de la iglesia católica, el aborto ha estado prohibido. Totalmente. Sin fisuras. La ley de dios y todo eso. Y en esos años tan píos y morales, las mujeres abortaban. Las que tenían pasta, en Londres; las que no, clandestinamente y arriesgando su saludo y frecuentemente, sus vidas. Con cifras mayores que las actuales, lo decían Ellos mismos. Entonces se abortaba, lo mismo que había sexo prematrimonial, homosexualidad y otras marranadas antiespañolas. La diferencia es que todo eso se tapaba, se ocultaba.

Cuando comienza la democracia, hay cambios: ha habido destape, empieza a poder hablarse de que hay hombres (¡Y mujeres!) gays, y el mundo no se va a acabar. Y en España se siguen produciendo abortos. Y ya iba siendo hora de terminar con la hipocresía. Pero claro, el tema es complicado, lioso, enrevesado. Hay muchas opiniones, se habla de intereses, de moralidad, de ‘defensa de las virtudes cristianas’. Las feministas quieren su derecho a decidir. Está jodido ponerlos a todos de acuerdo. Y ahí entra el argumento lateral.

Situémonos: una mujer, madre de cinco hijos, aborta. No tratemos sobre el motivo: sabemos que ha abortado. Y lo hace fuera de los supuestos. Y se la detiene, y juzga. Y se le condena, claro. A tanto y un día y tal. Y al día siguiente, le ponen al gobierno una petición de indulto encima de la mesa. Y Felipe González le dijo al nuncio, que por un momento, cambiasen los papeles: que la iglesia la metía en la cárcel 7 años, y que él la decía que se arrepintiera y no pecara mas. O una niña de 17 años, que la violan, y aborta, y la juzgan, condenan y todo eso. Que él le dice que Dios la sigue queriendo, y que el otro la humille públicamente. Casuística la que quieras, Baldomero. Ante esto, claro, el Nuncio, que como toda la alta jerarquía católica, tiene una sabiduría que lo flipas (derivada de 2000 años de manejar el bisnes en medio planeta), dice que “la iglesia está para perdonar, no para condenar”. Y el otro le dice que sí, que muy bien, pero que “vamos a cambiar los personajes”, porque nosotros no estamos dispuestos a volver a lo de la inquisición, que condenaba pero no mataba; le daba la orden a la autoridad competente para que atizase en la hoguera. Y le dijo que él no mete en la cárcel, junto a ladrones, violadores, asesinos múltiples, a una mujer que ha abortado, con casi total seguridad la primera y única vez en su vida. Que él entiende, como prácticamente todo el mundo, que el aborto es algo terrible, traumático, que marca de por vida. Pero que no piensa llenar la cárcel de madres de familia y niñas que han cometido una de sus primeras insensateces como mujeres adultas. Ni dentro de los supuestos, ni fuera. Que la ley española no está para respaldar los preceptos morales católicos, que eso se ha acabado. Y espera que, aunque no le de la razón, entienda que se trabaja sobre ese escenario.

Esto fue hace casi treinta años. Estamos en el año 2008. Un hijo de puta quedó en libertad por incompetencia de la justicia, y asesinó a una niña. Tenemos narcotraficantes, asesinos en serie, violadores, bandas organizadas de Europa del este, terroristas nativos y de importación islámica (en ambos casos igual de malnacidos), etcétera.

La conversación sobre si el niño es niño a partir de tal o cual mes, o si es moral o no, no es definitiva. Llevamos muchísimos años sobre el asunto y va a ser complicado llegar a un acuerdo, de momento. Yo mismo tengo mi propio argumento científico-personal sobre hasta qué momento no podemos hablar de una vida humana. Pero lo dicho ahí arriba sigue siendo válido para mí: que levante la mano el que diga que se quiere encarcelar a las miles de mujeres que abortan cada año. Que vamos a reabrir las rutas aereas regulares con Londres, tipo fin de semana, hola y adiós. Porque antes lo hubo, y lo va a seguir habiendo. Habrá que quemar a las mujeres (brujas, ya lo decían) en la hoguera para que no lo hagan.

Y si no vamos a hacerlo, dejémonos de hipocresía y polladas.

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