Apr 16 2008

Las guerras del agua

Published by Hilario Ortigosa at 9:15 am under Economia, España

El maestro Clarke predecía en una de sus ultimas novelas en colaboración que en el siglo XXI, las guerras ya no serían por el control de recursos como el petróleo, el territorio o los minerales que éste contenga, sino por fuentes de agua potable y no contaminada. En España comenzamos a ver situaciones en torno a esa idea, si bien (de momento) nadie ha hablado de sacar los tanques a la calle.

En los últimos días he oído argumentaciones de todo tipo: ayer mismo en ‘La mirada crítica’ hablaban de que ya en la II república, se hablaba de trasvases; que los pantanos de Franco eran en su mayoría, actuaciones del proyecto del muy socialista Prieto; pero mi preferido es, como suele ser, el multifacético y cuasi-omnisciente César Vidal, que comenzaba el pasado jueves su homilía de 30 minutos mencionando una recopilación de principios de derecho romano realizada por el emperador Justiniano, allá por el siglo tal y cual, en la que hablaba de que no se pudiese privar del agua a quien la precisara, y nosequé historia mas. En efecto: hablamos de una problemática del siglo XXI, buscando argumentaciones de hace mas de mil años de antiguedad. Cuando uno tiene dos carreras, se gana la patente de corso para hacer un quince con dos ochos.

Allá por el año 2004, acudí a la asamblea de la Asociación de Internautas que tuvo lugar en Valencia. Camino de la misma, íba por Murcia (disfrutando de los aromas de los fertilizantes), cuando, cansado de los cds de audio, sintonicé en la radio la retransmisión de un mitin en defensa de sus derechos acuíferos. Lo que me sorprendió no fue que los murcianos pidieran para ellos, que tontos no son; lo que me dejó alucinado eran las palabras del presidente autonómico o el alcalde, no recuerdo bien, a su público: “¡ Nos quieren quitar nuestra agua!” decía, entre ovación y ovación, así, sin despeinarse. No el agua que nos merecemos, no el agua que les sobra; Nuestra agua. Aznar dijo que era para nosotros, y Cañete dijo que lo sería por cojones. Y punto.

Ésta peculiaridad sobre de quién es el agua del Ebro, si lo es de alguien, enmarca la problemática actual. El Ebro necesita su caudal para mantener el delta y que éste no se salinice; los ciudadanos necesitan suministros de agua potable asegurados para beber, por supuestísimo; y los agricultores (que el otro día vi datos, se chupan el 60% del agua) quieren agua barata para sus cultivos. Todo esto necesita un gran pacto duradero, estable y de todos para todos, con respecto al agua; necesita un consenso. El problema radica en que si tu argumentario dice que el agua que corre por un río unos 400 km al norte de tu territorio es tuya, pues jodidos vamos. Y luego hay que ver para qué quieres el agua concretamente, porque ya conocemos situaciones como la de Seseña y el pocero, del tipo ‘yo voy construyendo los 400 millones de pisos, que el gobierno ya apretará el pompis para llevarles el agua, luz y servicios de donde sea’. Seguro que pueden imaginarse cuál ha sido y es la política inmobiliaria en la comunidad valenciana (construir, construir, construir, decían en La escopeta nacional). Y claro, tu le dices a los Aragoneses, que nos enteramos de que Teruel también existía a partir de ésta película, que queremos agua de su territorio para hacernos aún mas ricos, para ganar aún mas pasta. Y se mosquean, lo que es normal.

Uno de los retos del siglo en el que estamos es el de la escasez de recursos dados hasta ahora por ‘inagotables’, y habrá que acordar la correcta de gestión de los mismos. Pero será preciso hacerlo desde el consenso entre todos. Sin por cojones, ni el agua es nuestra.

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